David Copperfield – El sueño del artista

David Copperfield – El sueño del artista

David Copperfield – El sueño del artista

Adentrémonos en mi vínculo con el hombre que travesó la muralla China, hizo desaparecer un avión, un tren, la estatua de la libertad… y con rumores que en su próxima hazaña tiene como objetivo hacer desaparecer la luna.

Tenía ocho años y notaba que se había despertado todo un mundo maravilloso delante de mis ojos. Una forma de canalizar mis inquietudes artísticas y de transmitir mi sensibilidad. Icarius, el halcón, despegó de sus manos, él, tendido en el suelo, con un cielo lleno de nubes como escenografía. Y empezó el sueño, lentamente empezaba a separarse del suelo. Música épica y a él ya le separaban del suelo más de tres metros. Aros gigantes comprobaron que no estaba sujeto a ningún alambre o hilo, más no importaba, eso era MAGIA! Cuando la magia emociona, ya no es magia, es arte, y por primera vez en mi vida un acto mágico me había emocionado. Kilómetros de distancia nos separaban a él y a mí, pero se trascendía esa distancia, era el primer espectador de ese mundo.

De pronto, mi gusanillo artístico se había despertado, él era mi héroe. Un referente constante en mi vida tanto amateur como semi-profesional en este apasionante arte. David Seth Kotkin nació en el año 1956 en la ciudad de Metuchen, New Jersey, sus padres eran judíos y tuvo una dura infancia. Solitario y padeciendo varias enfermedades, la magia emergió como una luz en esa oscura infancia. A los 14 años ingresa en la sociedad americana de magos con el nombre artístico Davino, the magician. Años más tarde esa joven promesa se consolidaría en el mercado artístico llegando a recibir 21 premios Emmy, una estrella en el paseo de la fama de Hollywood, el reconocimiento del gobierno francés con el título de Caballero de las Artes y las Letras… Pero, David Copperfield no es solo un ejemplo en el ámbito de superación personal y dedicación de una vida íntegra al arte de la magia sino también a nivel personal, realizando múltiples donaciones benéficas e instaurando en diferentes hospitales de EUA un programa de rehabilitación de niños enfermos mediante “terapia mágica”.

Rompió con los prototipos establecidos en la época y con la imagen icónica del mago: abandonó el traje de frac, el sombrero de copa y la paloma para indagar en la belleza y la sensualidad del acto mágico. Transformó el simple truco en el espectáculo. Es mi referente como ejemplo de superación personal y de transformación de un arte, muchas veces,  anclado en el tiempo.

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